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De las palabras a los hechos

  • unaiugalde
  • 18 may 2022
  • 3 Min. de lectura

Llevamos desde los años 70 preocupados con las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero (GEIs) y sus repercusiones globales. Desde entonces, las medidas que se han adoptado para remediar el problema han sido más bien escasas. A medida que pasa el tiempo, queda más por hacer y menos margen de maniobra.

En 2015, un estudio detallado concluyó que, para limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados sobre la época pre-industrial, la mitad de las reservas existentes de petróleo y gas deberían quedar sin explotar. Eso llevó a la Agencia Internacional de la Energía (IEA) a la conclusión de que no se podrían abrir nuevos pozos de extracción de gas o petróleo.

Con el paso del tiempo, advertencias han ido subiendo de tono. Un siguiente estudio del Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC) pronosticó hace tres años que el 60% de las reservas de gas y petróleo tendrían que quedar cerradas a cal y canto para no romper el proyectado techo de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global con respecto a las épocas preindustriales.


En la reunión del Cop26 en Glasgow (Noviembre 2021) su presidente, Alok Sharma, expresaba su frustración por no haberse alcanzado un compromiso firme en torno al fin del uso del carbón. Pero sobre el gas, que supone el 60% de las emisiones de GEI, pasó de puntillas.

El mes pasado, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU) Antonio Guterres declaró dramáticamente, que había llegado el momento de "Ahora o Nunca", en lo referente a limitar la explotación de los combustibles fósiles por parte de empresas y gobiernos.

Una investigación publicada hace una semana por el periódico The Guardian acaba de desvelar que las grandes empresas extractoras de combustibles fósiles, muchas de ellas gestionadas por Estados presentes en COP 26, están desarrollando proyectos de extracción que llevarían al planeta a niveles de GEI en la atmósfera muy por encima de los límites establecidos en los acuerdos suscritos de Glasgow. A pesar de las últimas advertencias publicadas en Febrero sobre las consecuencias del retraso en cortar la dependencia de los combustibles fósiles, ni gobernantes ni las grandes empresas han respondido. Más bien, se han constatado planes para "maquillar" o "lavar en verde" las operaciones.


Las indagaciones de The Guardian indican que ahora existen 195 proyectos de extracción de gas y petróleo, cada uno de los cuales representaría al menos mil millones de toneladas más en emisiones de GEI. El total se cifra en 646.000 millones de toneladas (646Gt) de GEI (146 por encima de lo previsto). Esto supone el equivalente a añadir unos 18 años más de emisiones, al las tasas de hoy (ver figura). Más de la mitad ya están operativos!. Las empresas más grandes tienen previsto gastar una media de 103 millones de dólares cada día en estas operaciones.



Esta inversión millonaria en infraestructuras dedicadas a la extracción, refino y manejo de combustibles fósiles detraerá recursos que podrían estar destinados a tecnologías limpias para el futuro, como el famoso plan "Build Back Greener" del Reino Unido y otros planteados en EEUU, Rusia y Arabia Saudí. Un estudio publicado la revista Nature indica que la inversión en proyectos para la Transición Energética está muy por debajo de lo previsto en los planes internaiconales acordados en el G20.


La guerra entre Rusia y Ucrania iniciada en Febrero ha resultado en una subida en el coste de los combustibles, lo cual ha incentivado aun más la inversión en nuevos campos de extracción e infraestructuras de refino, tratamiento y transporte. Ante un escenario de incertidumbre como el actual, es comprensible que haya que asegurar el abastecimiento de la energía. Pero, al parecer, los planes ya estaban en marcha antes del inicio de la guerra. No se puede saber si el escenario bélico ya estaba previsto por los estrategas, pero el hecho de que haya que investigar para encontrarlos hace pensar que dichos planes eran independientes.


Al margen de especulaciones, la posibilidad real de alcanzar los objetivos de COP 26 se aleja con esta situación. Habrá que buscar nuevas estrategias que pongan freno a un calentamiento global fuera de control y que los asistentes cumplan con lo que prometen.


  • Esta entrada está basada en el artículo de The Guardian publicado el 11 de Mayo de 2022 por Damian Carrington y Mathew Taylor

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