Los Residentes en Invierno
- unaiugalde
- 23 ene 2024
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 22 ago 2024
En dos entradas anteriores cubrimos la vida de las aves migratorias y su estrecha relación con los insectos y las plantas. Pero otras aves permanecen como residentes haciendo frente al duro invierno. Ahora, cuando el frío ha llegado, nos ocuparemos de las adaptaciones y comportamientos que permiten a las aves residentes sobrevivir la época más severa del año.
Las Condiciones Invernales
El invierno compromete la supervivencia de las aves como consecuencia de dos cambios fundamentales:
El descenso de la tempertura. Las aves son animales de sangre caliente, como nosotros, pero su actividad metabólica es más alta que la nuestra y eso repercute en una temperatura corporal (42 ºC) superior a la nuestra (36,5 ºC).

Mantener esa temperatura en invierno les cuesta más. Por otra parte, las aves tienen una alta relación entre la superficie y el volumen corporal, lo cual facilita todavía más la difusión del calor. El problema se agrava más cuanto más pequeña es el ave.
Para terminar de encuadrar el reto mayúsculo de mantener la temperatura corporal en invierno, en contraste con otros animales que encuentran abrigo en el suelo o construyen refugios y madrigueras, las aves se exponen a las temperaturas más bajas durante la noche, puesto que permanecen a la intemperie en la mayoría de los casos.
La escasez de alimento. En invierno, la reducción de horas de iluminación y las bajas

temperaturas provocan cambios importantes en la actividad biológica. Los insectos se mantienen como formas inactivas, como huevos, pupas, o en hibernación (ver más adelante), al igual que la mayoría de las plantas. Sin embargo, es en esta estación en la que las aves residentes deben consumir más calorías para mantener su temperatura corporal. Por lo tanto, es necesario que desarrollen adaptaciones específicas para acceder a los alimentos que necesitan.
Adaptaciones de los Residentes
Mantenimiento de la temperatura
Desde que empieza el otoño, las aves residentes empiezan aumentar su plumaje para poder hacer frente a las bajas temperaturas.

También se ocupan de ahuecar y arreglar las plumas con sus picos, aplicando una fina capa de grasa que obtienen de la Glándula uropígea. Este tratamiento impermeabiliza y condiciona las plumas para que atrapen mejor el aire.
A veces se observan aves posadas en ramas con apariencia de estar hinchadas. Esta postura indica que están atrapando aire entre las plumas para aislarse y reducir la relación superficie/volumen para retener mejor el calor. Es también habitual encontrar aves acurrucadas en grupo para conservar juntas el calor.

Las noches de invierno son frías y largas, y las aves buscan lugares resguardados de las corrientes. Pero también recurren a reducir su temperatura corporal mientras descansan. Este estado, llamado torpor o letargo resulta en una reducción de actividad metabólica, consiguiendo así un descenso de temperatura de unos 10 grados centígrados. El torpor es común en otros animales y puede prolongarse durante días o semanas. Pero las aves suelen entrar en torpor sólo durante la noche, puesto que durante el día serían muy vulnerables a los depredadores y además, tienen que activarse para comer y reponer las reservas de energía consumidas durante la noche.
En el caso de que el torpor no sea suficiente para sobrellevar el frío de la noche, las aves cuentan con un último recurso para mantenerse vivas: tiritar. Al igual que pasa con nosotros, esta actividad muscular involuntaria genera suficiente calor para mantener la temperatura temporalmente. Sin embargo, tiene un coste energético importante y sólo se puede practicar durante periodos cortos.
Las aves pueden perder calor a través del contacto con la superficie donde se posan, pero cuentan con adaptaciones para minimizarlo.

Sus patas son delgadas para reducir al máximo el contacto con las superficies. El flujo sanguíneo hacia las patas es muy bajo, para minimizar la pérdida de calor a través del enfriamiento de la sangre. Además, el flujo sanguíneo hacia las patas está configurado para minimizar la pérdida de calor: la arteria que dirige el flujo de sangre hacia las patas tiene una superficie de contacto con la vena que dirige el flujo de retorno, de modo que la sangre que baja a las patas se enfría y, a la vez, calienta la sangre que vuelve hacia el cuerpo (Imagen superior).
La superficie de las patas está recubierta de escamas, que actúan como aislantes para minimizar la transferencia de calor. Cuando hace mucho frío, las aves esconden sus patas bajo el plumaje y pueden apoyarse en una pata al tiempo, para evitar la congelación.
Adaptaciones para el acopio de alimento
Antes de empezar el otoño, las aves residentes empiezan a acopiar alimento que esconden de manera dispersa por todo su territorio. Para poder aprovecharse de este esfuerzo, deberán recordar el tipo de alimento y el lugar preciso en que se escondió. Al final del invierno, habrán acudido a más de mil escondites. Para ello, desarrollan una mayor capacidad para memorizar todos esos detalles. Estudios realizados en paridos, como el herrerillo o el carbonero, han mostrado que la región cerebral del hipocampo, relacionada con esas capacidades, aumenta su tamaño en un 30% en otoño y vuelve a reducirse una vez iniciada la primavera.

Muchos de los alimentos que consumen las aves en primavera y verano, como los insectos o los frutos, son perecederos. Pero las aves que los consumen efectúan cambios transitorios en la dieta para adaptarse a los alimentos que están más disponibles en invierno o que se conservan mejor. Los herrerillos son fundamentalmente insectívoros en verano, pero se adaptan al mayor consumo de semillas en invierno. Se ha documentado que, durante el otoño, el pico de estas y muchas otras aves se modifica para poder consumir más semillas durante el invierno.

Aunque sea sorprendente, los herrerillos y otras aves insectívoras siguen encontrando insectos durante el invierno. Esto se debe a que muchos de ellos se mantienen en un estado de latencia denominado Diapausa. En el suelo, entre la hojarasca o bajo la corteza de los árboles hay una gran cantidad de insectos cuyas costumbres de hibernación son bien conocidas por las aves que los consumen.
El Papel de las Plantas.
En una entrada anterior cubrimos las adaptaciones de plantas y aves en relación con las migraciones. Aunque tendemos a pensar que las plantas no están activas en invierno, existen especies se han adaptado para ofrecer alimento a cambio de la dispersión de sus semillas precisamente en esa estación. Hay plantas que se han especializado en producir frutos de invierno que no contienen azúcares, sino paquetes calóricos en forma de carbohidratos y grasas.
Al igual que otros frutos, los de invierno están destinados a ser consumidos enteros, para que el consumidor digiera la pulpa y disperse la semilla. En la tabla adjunta al final del texto se muestran catorce especies de planta que producen frutos de invierno en nuestro entorno (sólo es una muestra). La tabla también indica la época en la que cada planta fructifica. Está claro que las plantas solapan sus tiempos e fructificación para no competir entre ellas y mantener vivos a sus dispersores!
El rigor del invierno podría tentar a animales no dispersores. Para evitarlo, las bayas de estas plantas contienen sustancias altamente tóxicas que le quitan la idea de la cabeza a todo aquel que no sea un dispersor adaptado.
La gran ventaja para estas plantas es que la competencia por parte de otros frutos es mucho menor en invierno y la demanda de consumo es muy superior.

Tanto es así que especies como los mirlos y los zorzales montan guardia en torno a plantas como el acebo, la yedra o el serbal (Imagen derecha, Serbal de cazadores), ahuyentando a otras aves para asegurarse el suministro de los frutos.
Especies más pequeñas, como los herrerillos y los carboneros no actúan como dispersores, pero pueden consumir la pulpa sobre la planta sin dispersar la semilla. Dicho de otro modo, hacen trampa.
Otras especies son claramente consumidoras de semillas, como el Camachuelo común, el Verderón o el Pinzón vulgar. Estas especies viven de despensas de semillas (generalmente de gramíneas) que han recolectado y escondido en el otoño, que encuentran en el suelo.
Conclusión
En esta entrada hemos cubierto las amenazas y respuestas generales más importantes que se conocen de las aves residentes para hacer frente al invierno. Hay mucha más información que no se ha podido incluir, por la brevedad, pero espero haber transmitido la gran versatilidad que despliega la naturaleza en sus adaptaciones. No hemos tratado sobre las aves rapaces, o los grandes córvidos, de los que sólo adjunto un par de imágenes al final.
Tabla de Especies productoras de frutos e invierno
Nombre común | Nombre científico | Meses de fructificación |
---|---|---|
Dulcamara | 6 -12 | |
Majuelo | 6 - 3 | |
Tejo | 7 - 2 | |
Endrino | 8 - 1 | |
Serbal (género) | 8 -12 | |
Espino (género) | 8 - 1 | |
Acebo | 8 - 6 | |
Muérdago | 10- 6 | |
Nueza negra | 10-1 | |
Boj | 11- 2 | |
Escaramujo | 11- 2 | |
Viburnum | 11- 2 | |
Manzano silvestre | 12- 3 | |
Hiedra común | 12- 7 |
Referencias
1. Artículo ¿Cómo sobreviven los insectos al invierno?
2. Una parte importante de la información sobre la relación de las aves con los frutos proviene del libro Birds and Berries. Barbara y David Snow, 1988. ISBN-10 : 0856610496 , ISBN-13 : 978-0856610493.
3. Video sobre las aves en invierno (Norte América) How do birds survive the cold winter
4. Video sobre las aves en invierno (Argentina) ¿Cómo sobreviven las aves en invierno?
5. Artículo Cómo ayudar a las aves durante una ola de frío
6. Artículo. ¿Cómo sobreviven los insectos al invierno?
7. Video Musical ambientado en el invierno. Neguaren Loa (Pello Ramirez, 2022)
¿Cuantos buhos en la imagen? Cuervos arreglandose las plumas


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