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Migraciones. Conexiones alimenticias

  • unaiugalde
  • 16 nov 2023
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 29 ene 2024

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En la entrada anterior nos centramos en la preparación y elección del momento para iniciar el viaje. La fuente y disponibilidad de alimento es otro condicionante crítico en el proceso. En esta entrada analizamos las relaciones entre las aves insectívoras y frugívoras con los organismos que constituyen su dieta.


Aves Insectívoras

Todos reconocemos sus pases vertiginosos sobre la superficie de estanques y ríos. El vencejo se alimenta exclusivamente de insectos que captura al vuelo y en cantidades diarias que equivalen a su peso. En época de cría deberá, además, capturar unos 100.000 insectos adicionales por cada polluelo que saque adelante. En consecuencia, depende de una gran abundancia de insectos voladores (adultos que han superado todas las fases de su ciclo vital). Su llegada a los lugares de cría en Europa debe coincidir con el fin de la metamorfosis de los primeros insectos, bien entrada la primavera. En las zonas del sur, esta puede llegar a mediados de abril, pero más al norte, no lo hace hasta mayo. Allí, los veranos son muy cortos y el vencejo debe terminar la cría a mediados de julio, antes de partir. Una importante ventaja con la que cuenta, sin embargo, es que en esas latitudes el día tiene más horas de luz y una mayor abundancia de insectos. En el sur, por el contrario, la estancia se puede prolongar hasta finales de agosto.

La migración hacia el sur se realiza por etapas (derecha), en el sur de Europa y norte de África occidental, hasta las zonas tropicales de África central y oriental. Allí, llegará en época de lluvias, donde encontrará abundancia de insectos de nuevo. El viaje de vuelta a Europa sigue la ruta del Nilo y el Oriente medio, en menos etapas, pero más largas. En todo caso, el vencejo aprovecha la paulatina llegada del fin de verano en las latitudes por donde pasa (dirección norte a sur) y la paulatina llegada de la primavera (dirección sur a norte) para asegurar la disponibilidad de insectos durante los trayectos.

Sólo una minoría de aves son insectívoras estrictas, como el vencejo. Veremos ahora casos en los que la dieta es más variada.


El Consumo de frutos por las aves

El Carricero común, que tratamos en la anterior entrada, es principalmente insectívoro, pero puede ingerir ciertos frutos, incluso pequeños granos. Esta mayor versatilidad en la alimentación está muy extendida entre las aves y tiene importantes repercusiones en las migraciones. Una muy notable es que, a medida que se acortan los días y se reduce paulatinamente la población de insectos, el consumo de frutos, que típicamente se acumulan al final del verano y en otoño, ofrece una fuente adicional de alimento.

La imagen derecha muestra la disponibilidad mes a mes de 52 frutos silvestres consumibles por aves en el noreste de Italia. La carga más alta se registra en octubre, coincidiendo con el inicio de muchas migraciones.

El consumo de frutos es tan ventajoso, que algunas aves desarrollan adaptaciones temporales de su sistema digestivo para poder digerir mejor los frutos en la época previa a la migración.

Cabría preguntarse si estos beneficios no son casuales, sino que forman parte de una relación de interdependencia entre las aves y las plantas. Veamoslo.

El consumo de insectos es una relación de depredación, en la que el depredador se beneficia y la presa queda perjudicada. Sin embargo, en el consumo de frutos el consumidor digiere la pulpa del fruto, pero evacúa la semilla más tarde, habilitando su dispersión. En este caso, el beneficio es mutuo (mutualismo). Esta relación pudo haberse iniciado hace unos 120 millones de años (ver referencias) y entraña una compleja serie de condicionamientos para evitar que aves ajenas a la relación saquen provecho sin cumplir su parte (por ejemplo, consumiendo o dañando la semilla en vez de dispersarla).

Características como las dimensiones del fruto, su apariencia, composición, morfología, disposición en la planta y el momento de maduración están adaptados a las capacidades y hábitos de aquellas aves mutualistas, como veremos a continuación.

· Tamaño y forma. La mayoría de los frutos que consumen las aves de nuestro entorno son esféricos, tienen entre 6 y 12mm de diámetro. Estas dimensiones facilitan la ingestión del fruto entero (sin picarlo) de manera rápida y segura frente a depredadores (derecha: Curruca capirotada sosteniendo una baya).

· Toxinas. Entre 81 frutos silvestres disponibles en nuestro entorno (ver referencia) una tercera parte de ellos se consideran venenosos o indigestos en distinta medida. Las sustancias tóxicas encuentran a menudo en una capa que protege a la semilla (endocarpio). La rotura de esa película por masticación o en el buche de un ave granívora libera la toxina. Pero las aves adaptadas al consumo del fruto lo engullen entero y sólo consumen la pulpa, evacuando la semilla intacta.

Hay casos en que las plantas incluyen sustancias disuasorias en la misma pulpa, para no dar ventajas a quienes consumen le pulpa a picotazos. Las aves dispersoras cuentan con capacitades para detoxificar esas sustancias, y es conocido que el volumen relativo del hígado es superior en estas aves.

· Cubiertas. Siendo el efecto de las toxinas tan eficaz, cabría preguntarse si los frutos considerados como comestibles (un tercio) son más vulnerables a la acción de los oportunistas. En realidad, las toxinas no son la única solución para asegurar la dispersión. En muchos casos, el endocarpio comprende una película gelatinosa y resbaladiza que esquiva la acción destructiva de dentaduras y buches. Las semillas del tomate son un buen ejemplo para nosotros.¿Has intentado morder una?

· Morfología de la Planta. Un número importante de frutos destinados a la dispersión por aves se presentan en estructuras que facilitan el acceso a sus dispersores, y lo dificultan para

otras aves.

Como ejemplo, la Zarzamora (derecha) produce un fruto compuesto de muchas drupas en un racimo compacto (para ser visto desde lejos). La arquitectura del fruto favorece el consumo individual de cada drupa por parte de aves pequeñas como los Páridos (Herrerillos, Carboneros y similares). Los frutos se distribuyen en una maraña de finos tallos provistos de espinas que dificultan el acceso a aves de mayor talla.

El Saúco menor presenta sus bayas en un corimbo (izquierda) que puede soportar el peso de un ave de unos 20 gramos, pero no ofrece asiento estable para el Mirlo común (100g) o la Paloma torcaz (300g). Aunque estas aves mayores podrían acceder a esos frutos puntualmente, la dificultad de acceso las disuade.



Adaptaciones estrechamente relacionadas con la migración

En el ámbito de la temporalidad en la maduración de los frutos, está comprobado que en las zonas que experimentan aglomeraciones, por causa de las migraciones, los frutos

maduran coincidiendo con esos eventos. Frutos de la misma especie maduran más tarde en zonas meridionales (sur), donde la primavera llega antes y el clima es más cálido, cuando lo esperado sería que lo hicieran antes. Lo contrario ocurre en las zonas septentrionales (norte). Este es un efecto condicionado por la selección que ejercen las aves dispersoras. Aquellas plantas que fructifican al paso de las aves se dispersan de manera mucho más eficaz.


Otra evidencia que refuerza la adaptación evolutiva de las plantas a la presencia de las aves migratorias es el cambio de composición de la pulpa según la época de maduración. La fruta que madura coincidiendo con las migraciones (tardía) contiene una proporción mayor materia nutritiva (sobre todo en lípidos) y menos agua que la fruta de maduración temprana. Se ha especulado que estas diferencias se corresponden con las necesidades de las aves dispersoras. En el caluroso verano, el fruto aporta una mayor dosis de agua, junto con otros nutrientes, mientras que, en el otoño, contribuye a aportar grasas que se acumulan en preparación para la migración.

Además de los lípidos, el contenido nutritivo de la pulpa comprende azúcares en distintas proporciones, así como metabolitos secundarios que confieren sabores agradables. Pero también lo componen compuestos antioxidantes como las antocianinas y otros compuestos fenólicos que mitigan la acumulación de las Especies de Oxígeno Reactivo (EOR) durante el esfuerzo intenso y continuado de las migraciones. Existen estudios se postulan una preferencia de las aves migratorias por aquellos frutos que mayor contenido en sustancias antioxidantes tienen (ver referencia).



Una última manifestación de la estrecha relación entre las plantas y sus dispersores es que la planta detecta la sustracción del fruto sustraído y responde en consecuencia.

Está demostrado que las estructuras de fructificación cuentan con un mecanismo que detecta la desconexión con el fruto. Este evento permite a la planta proseguir con el proceso de senescencia (decaimiento) que se desencadena en otoño, a medida que se acortan los días. La imagen superior muestra dos plantas de Saúco menor fotografiadas a finales de octubre, en la misma localización. La imagen de la izquierda corresponde a un colimbo con bayas, sin muestras de senescencia. La de la derecha no contiene bayas y muestra claras señales de senescencia.

Por tanto, la planta mantiene vivas las partes que no han completado la entrega del fruto al dispersor, lo cual tiene sentido, puesto que las estructuras de floración y generación del fruto han supuesto una importante inversión. Estos mecanismos aseguran que el objetivo de la dispersión llegue a término.


Conclusiones

En esta entrada sólo hemos cubierto los nexos de aves migratorias insectívoras y frugívoras con sus fuentes de alimento. Al margen han quedado otros muchos tipos, como las aves limícolas, las carnívoras y las granívoras. En cualquier caso, la intención es la de resaltar las muchas conexiones e interdependencias que existen entre los distintos organismos en el marco de las migraciones. En cualquier caso, está claro que el campo es sumamente amplio.

En el contexto de la conservación, este artículo pone de relieve la importancia de mantener y reforzar los nichos ecológicos de la manera más completa posible para asegurar las complejas conexiones que comprenden. Los abordajes simplistas, dirigidos a obtener un resultado aparente a corto plazo no pueden dar buen resultado. Nuestra coexistencia con la naturaleza debe basarse en el respeto, la paciencia, y sobre todo, en la observación.


Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar”

Johann W. Goethe


Referencias

1. Más detalles sobre el vencejo y su curiosa migración.

3. Un libro sobre Frutos Silvestres. Frutos Silvestres. Manuel Durruti. Editorial Everest (1995). ISBN 10: 8424126696 / ISBN 13: 9788424126698.

4. Una parte importante de la información sobre la relación de las aves con los frutos proviene del libro Birds and Berries. Barbara y David Snow, 1988. ISBN-10 ‏ : ‎ 0856610496 , ISBN-13 ‏ : ‎ 978-0856610493.

5. Una publicación sobre la adaptación del sistema digestivo de aves migrantes de insectívoro a frugívoro. When Does a Songbird Migrate? Depends On What It Eats.

6. Un estudio sobre la disponibilidad de frutos y el comportamiento migratorio de aves en el noreste de Italia. Fruit availability for migratory birds: a GIS approach.

7. Artículo que describe el acoplamiento de la fructificación en plantas con la mayor presencia de aves migratorias. Evolution of Temperate Fruit/Bird Interactions: Phenological Strategies

8. Artículo que postula la preferencia de las aves por los frutos con contenido más alto en antocianinas y otros compuestos antioxidantes. Birds Select Fruits with More Anthocyanins and Phenolic Compounds During Autumn Migration

9. Página Web de la Sociedad Española de Ornitología (SEO). Un recurso muy interesante. SEO BirdLife Bird Identification and details

10. Página Web de la SEO exclusivamente dedicada a las migraciones. Migraciondeaves.org





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