Migraciones. El Momento de Partir
- unaiugalde
- 25 oct 2023
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 29 ene 2024
Contexto
Con la entrada del otoño, se acortan los días, bajan las temperaturas y aumentan las precipitaciones. A ello le acompañan cambios en el entorno, como la caída de las hojas, la hibernación de algunos animales y la migración de las aves. Este último fenómeno nos ocupará en las siguientes líneas, con especial énfasis sobre la elección del momento preciso en el que se emprende el viaje.
Las Migraciones
Para una especie bastante apegada al suelo como nosotros, la migración estacional a lugares lejanos parece una opción extrema. Pero para las aves se trata de una adaptación común que resuelven con sorprendente eficacia. Los beneficios son evidentes: emprenden el vuelo al final del verano y en destino, empieza la primavera.

Unas 2.000 especies de aves (un 20%) son migrantes y cada una tiene su plan de migración específico. Se estima que las primeras migraciones se iniciaron hace unos 300.000 años como cortos desplazamientos anuales en busca de lugares con mejores condiciones para la vida y la reproducción. Aquellos individuos cuyas expediciones les propiciaron un beneficio transmitieron el comportamiento a su descendencia y lo que en un principio habría sido un corto desplazamiento se fue extendiendo. El fenómeno surgió independientemente en muchas ocasiones, atendiendo a las características de cada grupo de aves.
La animación de arriba ilustra la hipótesis de que las primeras migraciones tuvieron lugar de norte a sur, basada en el ejemplo de la Reinita gorjinaranja. Primero ocuparon el noreste de Norte América, pasaron a visitar otras zonas más al sur, progresivamente, hasta llegar a las costas de Perú en la actualidad.
Aunque esta explicación parece sencilla, la ejecución representa un gran reto lleno de incertidumbres, como veremos a continuación.
Capacidades innatas

El carricero común (derecha), un ave habitual de nuestros humedales, que pesa unos 12 gramos, se desplaza más de 7,000 kilómetros entre el norte de Europa y el África Subsahariana, volando a más de 6,000 metros de altitud, con etapas de hasta 30 horas seguidas en el aire. Para ello, el ave modifica su fisiología de manera genéticamente programada antes de emprender la travesía, como veremos más abajo.

Las aves migrantes también poseen capacidades innatas para orientarse, empleando como referencia visual la posición del sol (migración diurna) o de la estrella polar (migración nocturna). Pero también son capaces de detectar el perfil del campo magnético terrestre (imagen superior), que les proporciona una referencia adicional para la navegación. El mecanismo preciso por el que se procesan estas señales es objeto de discusión e investigación y no lo vamos a cubrir aquí. (ver referencias).
Capacidades aprendidas
Además de conocer su localización, las aves migratorias son capaces de memorizar sitios clave en su periplo migratorio. Por ejemplo, cada individuo reconoce la localización donde ha nacido y posteriormente anidado. A menudo, los nidos se sitúan en el mismo árbol o casa. Esta capacidad se desarrolla a lo largo de la vida siguiendo a otros miembros de la especie, normalmente, los progenitores. Por eso, aves de la misma especie pueden emprender rutas distintas de migración en función de su localización.

Las Collalbas grises que anidan en el noreste de Canadá migran a través del Atlántico hacia el suroeste de África. Pero las de Alaska lo hacen a través de Siberia y Asia para llegar al sureste de África (ver referencia).
Para llegar a su destino, ambas poblaciones se guían por referencias geográficas (ríos, zonas de costa o montañas) distintas, que memorizaron siguiendo a sus progenitores en la primera migración.
Las aves marinas tienen un fino sentido del olfato que les permite reconocer distintas zonas del océano que les guían en el viaje. Todas estas capacidades han quedado impresas en la memoria a lo largo de las primeras travesías.
El carácter colectivo de las migraciones permite a las aves actuar como una unidad, transmitir a sus descendientes los detalles del proceso, pero también contrastar criterios frente a cada circunstancia que acaezca durante el tránsito (ver referencias).
La elección del momento de partir
La elección del momento adecuado para emprender la migración es uno de los hitos críticos del proceso, porque integra la evaluación de variables como la disponibilidad de alimento para acumular las reservas necesarias, la dirección del viento, la temperatura ambiente o la amenaza de los depredadores, entre otras.
La reducción en la duración de los días estimula una primera fase en la que las aves se alimentan compulsivamente (hiperfagia) con el objeto de acumular reservas para el viaje. El peso puede llegar a duplicarse en una semana y la parte añadida consiste en grasa, el combustible que más energía acumula por unidad de peso. Para hacer sitio a tanta grasa, órganos como los riñones, el hígado y el intestino se reducen hasta un 25%.
Coincidiendo con la hiperfagia, se inicia una fase de hiperactividad, que reduce progresivamente las horas de sueño. Por eso, antes de migrar, se puede oir a los pájaros cantando y revoloteando en la oscuridad. Esto se debe a que una gran parte de las aves (incluido el Carricero común) migra de noche. Esta estrategia les permite evitar a los depredadores, viajar a temperaturas más bajas para no sobrecalentarse y evitar las turbulencias provocadas por el calentamiento de la tierra durante el día.

Viajar de noche también permite aprovechar el día para alimentarse y reponer fuerzas. Muchas veces, el alimento disponible en las paradas no permite reponerse del todo. En ese caso, las aves pueden alargar el descanso a dos o más días. En casos extrema necesidad, las aves pueden recurrir a la degradación de su propia musculatura, como depósito de energía de reserva.
Una vez alcanzada la forma adecuada para emprender el viaje, llega la decisión crítica de elegir el momento justo para partir. Existe un rango de fechas, marcado por la longitud del día, dentro del cual deben elegir la fecha precisa. Para ello tienen en cuenta varios factores entre los que sobresalen la temperatura del aire y la presión atmosférica.
En otoño, a la llegada de los vientos del norte, favorables para la migración, le precede el un frente cálido (los denominados veranillos). La sucesión de estas dos masas de aire entraña un descenso brusco en la presión atmosférica y las aves son capaces de detectar ese salto.
Los ornitólogos han observado que en esas circunstancias tienen lugar comportamientos característicos considerados como una preparación para la migración. La congregación en un lugar de encuentro colectivo, como un bosque, un acantilado o un edificio prominente y posterior vuelo en forma de bandadas son formaciones características. Estos encuentros tienen lugar con frecuencia e intensidad crecientes días antes de partir, hasta que, en uno de ellos, se inicia la migración. Entonces, todos los congregados parten juntos.
Modelos de Migración

La técnica de Radar, ideada en un principio para el seguimiento de aeronaves, fue adaptada para monitorizar los frentes nubosos y es ahora una referencia habitual en meteorología. En las fases tempranas de su uso en la monitorización de los frentes metereológicos, se pudo constatar la interferencia producida por la señal de las aves migratorias, hasta que ambas señales se pudieron diferenciar mediante filtros específicos. Este avance permite a los ornitólogos hacer un seguimiento continuo de las migraciones. Hoy en día existen datos acumulados de tres décadas sobre las migraciones de distintas especies, que además permiten estimar los cambios en el número de aves, su calendario y su trayecto migratorio. La secuencia superior muestra el seguimiento de aves migratorias de noroeste a sudeste de Estados Unidos (ver referencias).

En base a los datos obtenidos por Radar los científicos han sido capaces de generar modelos predictivos (Imagen izquierda) en los que se tienen en cuenta variables como la temperatura, velocidad del viento, presión atmosférica y otras. Este aspecto es muy importante, porque el ajuste de los modelos a la migración real requiere ponderar la importancia de las distintas variables en el proceso. Dicho de otra forma, determinar qué variables (temperatura del aire, presión atmosférica, humedad relativa...) son las más importantes y en qué medida son tenidas en cuenta. En un artículo publicado en 2018 por Van Doren y Horton, los autores determinaron que las variables más importantes en la decisión del momento para emigrar de su modelo predictivo eran, por orden: la temperatura del aire, la fecha (horas de luz), la altitud, la presión atmosférica y la velocidad y dirección del viento. Esto no quiere decir que las aves tienen en cuenta sólo esas variables ni que lo hagan como lo hace el modelo. Simplemente que los modelos emulan el comportamiento real cuando las variables se ponderan de esa manera.
Evitando Huracanes

El Zorzalito rojizo (Catharus fuscescens, imagen derecha) se reproduce en los extensos bosques entre Estados Unidos y Canadá durante la primavera y el verano, e inicia su periplo hasta la cuenca del río Orinoco (Brasil) en otoño. El trayecto incluye paradas en Las Carolinas, el Golfo de México, Cuba, Jamaica, Colombia y Venezuela. A las dificultades habituales que plantea un viaje de esta envergadura hay que añadirles la amenaza de los huracanes.

El Dr Christopher Heckscher, ecólogo de la universidad de Delaware, observó a finales de los años 90 que el Zorzalito nunca se encontraba con huracanes en su camino. Desde entonces, ha dedicó más de dos décadas para desvelar cómo este pequeño viajero de unos 30g podía cambiar sus planes de viaje completar su viaje con éxito. Los resultados del Dr Heckscher le indicaron que el Zorzalito evitaba sistemáticamente los periodos en que ocurrían los huracanes adelantando el inicio de la migración en los años en que la temporada de huracanes empezaba antes. Comparando esta respuesta con las predicciones de distintos modelos meteorológicos y el grado de acierto en el periodo de estudio, el Zorzalito se situaba entre los mejores.
Heckscher cree que las aves obtienen su información meteorológica mucho antes de la temporada de huracanes, en sus zonas de invernada en América del Sur, donde los patrones climáticos juegan un papel crucial sobre el desarrollo de esos fenómenos meteorológicos.
Durante los años de El Niño, el agua del Océano Pacífico es más cálida y genera vientos que desestabilizan a los huracanes y resultan en temporadas benignas. Lo contrario ocurre con La Niña. Ambos fenómenos afectan a la tasa de precipitación en el trópico, meses antes, lo cual puede afectar sobre la disponibilidad de alimento para el Zorzalito.
Heckscher postula que el cambio en la dieta puede influir sobre la forma en la que el Zorzalito regresa a América del Norte, y ello influiría sobre la duración de la temporada de reproducción. "Algo está sucediendo en la química de su sangre u hormonas que hace que dejen de reproducirse en un momento determinado", dice Heckscher.
Pero aún no se pueden descartar otras posibilidades.
Conclusión
La decisión del momento preciso para iniciar la migración supone dar respuesta a un problema complejo en el que participan muchas variables. Seguramente no conoceremos todos detalles de los mecanismos que rigen las migraciones, porque las aves salvajes no pueden ser objeto de experimentación controlada, como ocurre con los las moscas de la fruta o los ratones. Pero lo que se está descubriendo sobre estos procesos nos sirve para apreciar la enorme complejidad, elegancia y robustez del fenómeno. Quizás esta apreciación sea suficiente para que reconozcamos la necesidad de conocer mejor, respetar y proteger la Naturaleza y su sabiduría.
Referencias
Mapas predictivos de migraciones. BirdCast
Migraciondeaves.org. Página de la Sociedad Española de Ornitología dedicada a la migración de aves y las técnicas empleadas para investigar el fenómeno.
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